dijous, 28 de febrer de 2008

Pensadlo bien antes.

Es cierto que cuando adquirimos la discapacidad perdemos muchas cosas, ya os hablé una vez de la pérdida de nuestra identidad sexual, que nos convertimos en el sexo de la silla. Otra cosa importante que desaparece es nuestra capacidad de improvisación.
Nos obligan a ser previsibles, metódicos. Uno de los mejores ejemplos, la RENFE. Sí, podemos coger el tren (según la estación), pero siempre que lo decidamos con uno o dos días de antelación, ya no tenemos urgencias, ya no tenemos imprevistos.
Si eres usuario de silla de ruedas y necesitas coger el tren, tienes que llamar a un teléfono (que creo que es de Madrid, lo cual es como mínimo sorprendente si lo que quieres es ir de Girona a Figueres) e informar de tu -súbita e inoportuna- decisión de querer ir en tren.
Es difícil encontrar una razón a ésto, pero somos libres de imaginarla: poner una rampa móvil es tan complicado que se necesita un técnico cualificado -y cinco operarios-; en la vida no se pueden tomar decisiones precipitadas, así tenemos tiempo de replanteárnoslo; nos sobreprotegen -siempre podemos hacernos daño-; etc.
Hasta viajando somos ciudadanos de tercera.